El Karroski, una pequeña barraca de madera pintada de color verde, era mi tienda favorita, ya que tenía todo tipo de golosinas, la regaliz de palo, mi preferida. Era una fiesta cuando llegaban las novedades "dulces". Entre todos comprábamos unas cuantas, (lo que podíamos), y como buenos compañeros sin distinción de ningún tipo, las compartíamos. Por cierto, hablando de golosinas, una de las cosas que recuerdo con más ilusión, era a la salida de la guardería. Recuerdo un señor portando una bandeja tipo huevera, que gritaba...¡¡¡¡Al Chiviricoqui...Al rico Chiviricoqui!!!!. Una golosina riquísima, tipo merengue de color rosa y blanco, sujeto por un pequeño cucurucho, toda una delicia. En verano por 1 peseta, nos refrescábamos con la Gilda, un helado a base de agua y sabor de frutas que lo sacaban del congelador en unos recipientes metálicos para flanes. Poco a poco, fueron mejorando las chuches hasta que llegó para mí el mejor chicle de la historia: “el chicle de canela” Yo...
Nunca habia oido lo del Bufarato, pero si a Juanita Banana y al Metralleta.
ResponderEliminarPues sí,el bufarato existió,y era un mangi,y vivió en mi escalera hasta que murió por intertar escapar del Hospital del Mar desde un segundo
ResponderEliminarpiso, porque lo retenían la policía Nacional por un robo de moto y que acabo cayendo al suelo con lesiones graves.Llegó a su casa,y murió reventado.